26 julio 2009

El limpiabotas


Esta mañana me he cruzado con un limpiabotas.
La primera impresión ha sido de sorpresa pues hacía mucho tiempo que no veía uno. Vestía ropa azul de trabajo como las de los mecánicos, que quizás delatara que no toda su vida había sido limpiabotas. Cargaba con su cajón mientras sujetaba en la comisura de los labios un “ducados” medio apagado (como su ánimo). Traía la cara triste y arrastraba los pies cansados no sé si del mucho andar, del poco comer, o de ambas cosas. Se ha cruzado conmigo, me ha mirado a la cara fugazmente y a pesar de ir vestido de “bonito” no me ha preguntado ni tan siquiera si quería un limpiado. No sé si por sicología adquirida con el trato del público - le hubiera dicho que no -, o por dejadez, pero ha pasado de largo sin intentarlo. En un segundo vistazo me he fijado en sus pies y ahí he encontrado mis respuestas:
Calzaba unas sandalias de nylon y belcro, como el 90 % de los que íbamos por la calle por lo que la faena será muy escasa.
Aunque me dio pena no pude evitar sonreír para mis adentros y pensar:
“Trabajas menos que un limpiabotas en verano”
Lo siento.

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